El duelo migratorio es el proceso de reorganización emocional que vive una persona cuando deja su país: echa de menos a su familia, su lengua, su tierra y su lugar en el mundo, aunque haya decidido irse y le esté yendo bien. No es una enfermedad. Es una respuesta humana a muchas pérdidas que llegan a la vez.

El concepto lo desarrolló el psiquiatra Joseba Achotegui, de la Universidad de Barcelona y del Hospital de Sant Pere Claver, que trabaja con personas migrantes. En su artículo «Migración y salud mental» (revista Zerbitzuan, n.º 46, 2009) explica que migrar trae oportunidades, pero también un lado difícil que llama estrés o duelo migratorio, y que lo hace diferente de otros duelos:
Añade algo importante: los seres humanos tenemos capacidad para elaborar este duelo. Muchas personas lo atraviesan y construyen una vida con sentido en el nuevo lugar. Cuando cuesta más, no es por debilidad, sino por las condiciones en que se vive la migración.
Esta es la lista de Achotegui, con ejemplos de cómo suele sentirse en la experiencia latinoamericana:
Las comidas de domingo, los abuelos que envejecen por videollamada, no estar en un nacimiento o en un entierro.
Aunque se hable español, cambian las palabras, el tono y el humor. Y en otros países, pensar todo el día en un idioma que no es el tuyo agota.
Costumbres, religión, valores, la manera de saludar o de celebrar. Lo que antes era obvio ahora hay que explicarlo.
El paisaje, los colores, la luz, los olores, el clima. El primer invierno largo lo recuerda casi todo el mundo.
Los papeles, el trabajo, la vivienda y las posibilidades de crecer. Profesionales que empiezan de cero o trabajan por debajo de lo que estudiaron.
Pasar a ser «el extranjero» y, a veces, enfrentar prejuicios o racismo. También dejar de reconocerse en el grupo que quedó atrás.
Viajes peligrosos, miedo a la expulsión, indefensión. Para algunas personas este duelo pesa más que todos los demás.
Se viven en mayor o menor grado. Cambia cuánto apoyo hay para atravesarlos.

Achotegui distingue entre migrar en buenas condiciones, lo que llama duelo simple, y migrar en situaciones límite, lo que llama duelo extremo: cuando las circunstancias son tan duras que no hay posibilidad de elaborar las pérdidas y la persona vive en una crisis permanente. A ese cuadro de estrés crónico y múltiple lo bautizó en 2002 como síndrome de Ulises, por el héroe de la Odisea.
El autor insiste en que no es una enfermedad, sino un cuadro reactivo de estrés ante un duelo extremo que no se puede elaborar. Entre sus causas principales señala la separación forzada de los seres queridos, la desesperanza por el fracaso del proyecto migratorio, la lucha por lo básico (comida y techo) y el miedo. Por eso lo que más ayuda no es solo hablar, sino también recuperar seguridad, red de apoyo y control sobre la propia vida.
| Duelo simple | Duelo extremo (síndrome de Ulises) | |
|---|---|---|
| Condiciones | Papeles, trabajo o red de apoyo, aunque sea mínima. | Separación forzada de los suyos, miedo, lucha por lo básico. |
| Cómo se vive | Nostalgia y altibajos que se van integrando. | Tensión constante que no da tregua. |
| Qué ayuda | Tiempo, vínculos y espacios para hablar. | Primero seguridad y apoyo concreto, luego lo emocional. |
Muchas personas que migran reconocen algunas de estas experiencias. Sentirlas no significa que tengas un trastorno: son formas habituales en que el cuerpo y la mente responden a tantos cambios.
Vale la pena hablar con un profesional cuando el malestar dura semanas, no mejora y empieza a afectar tu sueño, tu trabajo o tus relaciones; cuando te aíslas cada vez más, o cuando sientes que no puedes con esto solo.
Si tienes pensamientos de hacerte daño o de no querer vivir, no esperes: llama al número de emergencias del país donde estás (el 112 en España y el resto de la Unión Europea) o acude a urgencias. Este malestar también merece atención inmediata.
Achotegui señala que el duelo migratorio también lo viven quienes se quedan en el país de origen y que puede transmitirse entre generaciones. En la práctica lo vemos en tres situaciones:
Abuelos que ven crecer a los nietos por una pantalla, hermanos que asumen solos el cuidado de los mayores. Si vives en Colombia y estás en ese lugar, puedes recibir acompañamiento en duelo presencial o en línea.
Volver no siempre cierra el duelo. Hay quien regresa y siente que su país cambió, o que cambió él. Algunas personas lo llaman duelo migratorio inverso: es la misma reorganización, en sentido contrario.
Los menores también pierden amigos, colegio, abuelos y un idioma de juego, aunque no hayan decidido el viaje. La orientación a madres y padres puede ayudar a acompañarlos; con menores trabajamos solo con el consentimiento de su representante legal.
Con quienes viven fuera de Colombia trabajamos en orientación y acompañamiento psicológico por videollamada, desde Colombia. El enfoque es cognitivo-conductual: práctico, con objetivos y con tareas pequeñas entre sesiones.
Identificamos cuáles de los siete duelos pesan más en tu caso y cómo se cruzan con tu historia.
Frases como «si vuelvo, fracasé» o «aquí nunca voy a encajar» se miran con calma y se ponen a prueba.
Diseñamos formas de mantener el vínculo con casa sin quedarte anclado, y rutinas que den estructura a la semana.
Pensamos pasos concretos para construir apoyo donde vives: personas, grupos, espacios propios.
Lisbeth Alba, psicóloga clínica y fundadora de Elanthia, acompaña procesos de duelo con enfoque cognitivo-conductual. Tiene experiencia hospitalaria y diplomados en psicología clínica y en primeros auxilios psicológicos. Tarjeta profesional colombiana n.º 323031. Si vives fuera, revisa cómo funciona la atención desde el exterior; si estás en España, la página para quienes viven en España.
No tiene un plazo fijo. Como es parcial y recurrente, puede reaparecer años después con una noticia, una fecha o un viaje. Lo esperable es que, con el tiempo, duela menos y ocupe menos espacio, no que desaparezca del todo.
No. Es un proceso normal ante muchas pérdidas simultáneas. Solo cuando las condiciones son extremas y se mantienen en el tiempo puede convertirse en un estrés crónico que pide más apoyo.
Muchas guías hablan de etapas, pero el duelo migratorio rara vez avanza en línea recta: se mezclan la ilusión, la nostalgia, el enojo y la adaptación, y vuelven con cada viaje o noticia. Más que buscar en qué etapa estás, ayuda saber qué pérdidas pesan más hoy.
Sí. Tener trabajo y estabilidad no impide extrañar. A veces, justamente cuando la urgencia pasa, aparece el espacio para sentir lo que se dejó.
Sí, en la modalidad de orientación y acompañamiento psicológico por videollamada. No sustituye la atención de salud de tu país de residencia, y si vemos que necesitas algo distinto te lo diremos. Los detalles están en cómo funciona la atención desde Colombia.
Fuentes: Achotegui, J. (2009). «Migración y salud mental. El síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (síndrome de Ulises)». Zerbitzuan, 46, 163-171. Universidad de Barcelona. Texto completo (PDF). Esta guía es informativa y no reemplaza una valoración profesional.
Si lo que leíste se parece a lo que vives, escríbenos. Te contamos cómo es el acompañamiento por videollamada y en qué horario podemos vernos.
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